domingo, 3 de junio de 2012

Un afiche muy metiche


Mi comandante: ayer cuando me trasladaba por la avenida Libertador rumbo a la oficina tuve la bien desagradable experiencia de ver mi imagen impresa en un gigantesco afiche en el que aparezco con el puño en alto en señal de combate, una camisa roja impecable y planchadita, el símbolo de nuestro glorioso partido y la inconcebible consigna en letras rojas: “Diosdado Presidente”.
Usted no se imagina, mi comandante, la arrechera que agarré. Ante tamaña agresión no contra mí, sino contra usted como líder máximo del proceso, me puse rodilla en tierra. Eso fue automático. Claro, como iba en la camioneta tuve que seguir el viaje con  una rodilla en el cojín y otra en el piso de la carrocería. Qué vaina tan incómoda, mi comandante en jefe. Menos mal que no había mucha cola, que si no hubiera llegado derrengado. Así de sencillo.
Sé que no necesito darle muchas explicaciones para que tenga usted la plena seguridad de que la cosa más descabellada que puede hacer un Cabello, y en el caso que nos ocupa el suscrito, es pretender ocupar al cargo para el que la providencia y los espíritus de la sabana en cambote lo han destinado hasta cuando usted mismo diga.
Cuando me calmé un poco me pregunté: ¿Sustituirlo a usted? ¿Quién? ¿Pero quién, quién, quién? Nadie, nadie, pero nadie, me repetí yo mismo. ¿Quién puede osar disputarle a usted, de quien depende la suerte del todo el mundo multipolar y sobre todo la de la Polar, la presidencia? Y como cosa de Dios, mi comandante, en eso sonó por la radio la canción de la mexicana aquella que canta ronquito: “¿Quién como tú?” ¿Se acuerda? Usted debe acordarse porque es bien farandulero, je, je... Palabra cierta, dice el pueblo, mi comandante. Así de sencillo.  
Esto no puede haber sido obra sino de la derecha pitiyanqui. Y para que usted vea cómo se ha degenerado la oposición en Venezuela en apenas un siglo, recuerde que el general Gómez la llamaba “los malos hijos de la patria”. En cambio esta oposición es apátrida y contrapátrida, como usted sabiamente la bautizó. Son como Adán, que no tuvo mamá, pues. El de la  Biblia, Adán el de la Biblia, claro.
¿Por qué lo hicieron? Aaaah, porque están desesperados. La encuestadora de Jesse los tiene locos. Cómo será cuando conozcan la última en la que usted gana 125 a cero ¡Knockout fulminante, mi comandante! Imagínese la cara de los majunches cuando vean que le metimos tremendo zapatero ¡Uh!  ¡Ah! Je, je, je, perdóneme esa, mi comandante, que es producto de la emoción. Así de sencillo.
Pero como siempre han salido por allí algunas ovejas descarriadas de nuestro lado a intrigar. Por ahí me dijeron que unos amigos de Elías andan diciendo que el afiche era grandote para insinuar que los de él se pueden hacerse tamaño carta. Nada que ver. Y eso puso contentos a los amigos de Nicolás porque dicen que los de Maduro, por lo menos, serían tamaño extra oficio. No les crea: si le vienen a contar cositas malas de mí, mande todos a volar y dígales que yo no fui. Por cierto, esta última frase, comandante, me parece muy familiar pero ahora mismo no recuerdo en que libro la aprendí.
Esa misma mañana hice recoger todos los afiches y me los llevé para la casa. Colgué uno en la sala para examinarlo bien. Todos los días, de reojo, lo veo y lo reveo ¡Usted no se imagina, mi comandante, la tibiera que me entra! Me observo en esa tremenda foto con ese puño en alto, los ojos azules azulitos como mirando hacia el futuro, forrado de rojo y con esa aureola brillante que me pusieron por los costados y me tengo que contener para no mandarme yo mismo un derechazo a la mandíbula. Sin embargo, el otro día los escoltas me agarraron cuando estaba a punto de pegarle un cabezazo. Yo, mi comandante, se lo hubiera dado aunque la pared me hubiera sacado un chichón. Así de sencillo.
Lo que sí creo es que esto del  afiche merece una investigación a fondo. Yo estoy dispuesto a hacerla. Basta que usted me diga si la abrimos desde la presidencia de la asamblea, la vicepresidencia del partido o su tribunal disciplinario. Claro, siempre va a salir alguno de los nuestros pasados a la oligarquía a decir que yo no puedo porque presido las tres instancias. Ajá, ¿pero quién me puso allí? Pues, usted mismo. ¿Entonces? ¿Pa´dónde van a coger con esa pata hinchada?
Cierto, y perdone la digresión, que usted le había dado el visto bueno a Soto. ¿Pero quién lo manda a irse para la China a regalar hamacas y botellas de suero y de katara, el picante ese que hacen con bachaco culón? El que va pa´ Seúl, pierde el curul, dice la voz del pueblo que es la voz que Dios nos ha dado.  Perdone, ¿Seúl queda en la China? ¿O es en el Japón? No me acuerdo, pero en verdad no importa, la vaina es que rima.
Mi comandante, creo que con esta misiva dejamos zanjado cualquier malentendido que esta perversa acción de los laboratorios de la oligarquía exógena pueda haber generado. No olvide referirse a ello en la próxima cadena. Me despido con un saludo chavista y revolucionario. ¡Hasta la victoria siempre! ¡Patria,  Socialismo y… eso sí, mucho reposo, mi comandante en jefe. Así de sencillo...

(Publicado el Diario Tal Cual el sábado 2 de junio de 2012)

La Reaparición


Ni por twitter, ni por Facebook, ni por el teléfono conectado a la tele, ni por los mensajes de texto  (sms) que una vez utilizó para saludarnos en navidad. Nada… 
Durante cinco días con sus noches los venezolanos no tuvimos noticias de la salud ni el paradero del ciudadano presidente de la República.
Para algunos de nosotros fue un período interminable que casi llevó a extremos incontrolables el síndrome de abstinencia.
Zozobra. Incertidumbre. Rumores…
El tema es delicado, de modo que vamos entrándole de a poquitito.
El viernes 18, ¡al fin!, pudimos escuchar de nuevo la voz que más se ha modulado a través de las ondas hertzianas y las microondas desde que la radio y la televisión hicieron su estreno en Venezuela.
Se refirió a sí mismo, a su salud, a búfalos y caballos desbocados. Por haberlo visto y oído a través de un muy cuestionado canal, preferí cerciorarme en medios más confiables.
Al día siguiente busqué el “Correo del Orinoco” (2da. Época), N° 969, que dedicó un tercio de toda su primera página a las declaraciones de su fundador y propietario.
Ese texto, más que La Artillería del Pensamiento parecía una pieza salida de “la fusilería del encantamiento”: un cañonazo de 1.500 millones por aquí, un metrallazo de 250 millones por allá, otro bombazo de reales acullá...
Pero, qué sorpresa, ni una sola palabra sobre lo otro. No creo que en el antiguo “Correo del Orinoco” (1ª.Etapa”), se hubieran atrevido a censurar de manera tan flagrante al antiguo Libertador, que, por cierto, hoy pareciera ir rumbo al desuso.
Si así se trata al amo, saquen ustedes la cuenta de la parte del pastel que nos tendría reservada la mentada (y recontramentada) hegemonía comunicacional.
Lo que en la prensa nacional e internacional fue la frase que copó los titulares, en el vocero de la casa donde las ideas son granadas y misiles intercontinentales, no mereció un guáimaro, ni un mísero balín de tinta.
Tampoco era para tanto celo: "no seguiré siendo el caballo desbocado por ahí”, fue la sencilla y franca afirmación hecha por el jefe del Estado.
La mezquina prensa capitalista, por supuesto, no hizo énfasis en la infinita carga de modestia que encierra ese “por ahí”, que no se trata, ni remotamente, de soltarse al galope tendido hacia la iglesia de Pagüita, allí al ladito del palacio, sino volar de Tokio al Kremlin, de la Muralla China a Damasco y de ahí  a Tucacas,  a El Sombrero,  etc, etc…
Antes de  proseguir, una precisión. Si la incertidumbre sobre la salud del primer magistrado gravita sobre de todas y cada una de las hojas que se mueven en el árbol (¿arbusto? ¿matorral? ¿manigua?) de la vida nacional y sobre ello no hay información formal, sino datos soltados al voleo, en clave, en símiles y metáforas, ¿qué nos dice la lógica y, en este caso, hasta la zoológica? Pues que nada más legítimo que tratemos de descifrarlos, siempre y cuando guardemos el debido respeto. Es un derecho constitucional. Y en atención a ello pasaremos a la parte de la declaración, donde se le pidió a Dios “la fuerza del búfalo antes que la del caballo".
De la manera más neutral y objetiva diremos que si lo que se requiere para la coyuntura es fuerza, no es necesario aspirar a la de un bóvido, pues así como hay caballos de carreras, también los hay percherones que, según nos dice la fascinante Wikipedia, “por su impresionante corpulencia, puede llevar largos carruajes, transportar más de 25 personas y arrastrar toneladas de peso”. Es decir, puede cargar con el frondoso gabinete ministerial completo y hasta darle la cola a Loyo y Barreto, esos otros dos briosos corceles nada menudos  del “proceso”.
De manera que para estar a la altura de la exigencia de los tiempos no hay que trastornar (también) la cadena evolutiva. Y esto debería saberlo él, que de bóvido no tiene un pelo.
Pero por algo no se escogió esa comparación. A lo mejor para no traer a evocación aquella famosa cita de Churchill en la que aseveró que la empresa privada no es una vaca para ordeñar ni un tigre para matarlo, sino “un robusto percherón que arrastra un carro muy pesado”. No, por favor, tiene razón, cerca de la empresa privada, ni en sentido figurado...
Finalmente, cualquiera sea la mutación que escoja, que esté muy bien, que en lo que respecta a quienes en estos predios ni vamos ni iremos uncidos al carromato del “proceso”, ya llevamos bien adelantadas las previsiones para liberarnos de coces y/o embestidas.

(Publicado el Diario Tal Cual el sábado 26 de mayo de 2012)

miércoles, 30 de mayo de 2012

Chola a fondo y pasando aceite


Desde el pasado domingo y a lo largo de esta semana, el Twitter criollo ha quedado convertido en una auténtica  pista de carritos chocones. ¡Qué de encontronazos se han visto entre partidarios y  críticos de Pastor Maldonado, después que éste se bañara de gloria y de champaña en el Gran Premio de Cataluña!
En esta discusión que viene dando vueltas desde hace rato, cada quien patina de lo lindo hasta quedar finalmente encunetados en la diatriba política del país. Los opositores critican la cuantiosa inversión que debe hacer PDVSA, o sea todos los venezolanos, para que el joven piloto maracayero pueda competir con las máquinas de otras empresas socialistas del mundo como Ferrari, Renault, Toyota, Mercedes Benz y otras.
Pastor, acusan, corre en un costosísimo monoplaza FW34 de la Williams y su participación nos sale por unos 66 millones de dólares. ¿Y qué quieren estos detractores? ¿Que lo mandemos  a representar el país con un prototipo del Chavecito o del Tiuna o de los carritos iraníes? Y no es que estos vehículos hechos en socialismo con patriótico amor importado no sean competitivos,  pero ¿vamos a poner a Pastor a hacer cola para que le entreguen uno? Sindéresis, señores.
Yo sí le envié, jubiloso, mi felicitación vía Twitter al ganador en el circuito catalán: “Bien por Pastor. Creo que en la medida en que el accidentado jefe de la escudería roja lo nombre menos, le irá mejor.”
Allí, debo reconocerlo, asumí de manera implícita e involuntaria uno de los filones que han encontrado los vituperadores de oficio quienes, aun reconociendo la opción campeonil del nuestro, atribuyen sus percances, sus malas figuraciones o sus retiros, a la pava ciriaca que emana con potencialidades transoceánicas de quien además de ordenar el financiamiento se proclama su mánager, asistente, mentor y no se monta como copiloto porque ya dijimos que el Williams de Pastor es un monoplaza.
Lo de la pava, vamos, no pasa de ser una matriz de opinión artificiosamente configurada por los opositores. Y dejen de atribuir a ese fenómeno los trastornos vividos en el box de los ganadores minutos después de la carrera. Aunque, pensándolo bien, ¿qué cosa no?
Una sola crítica le hago al joven Pastor. Se la voy a repetir con todo cariño: tú vas de Bahréin a Malasia al Reino Unido y así hasta el último confín. Allá no llegan los lecos de los miles de damnificados que siguen en los “refugios”. A ellos les ofreciste desde Los Próceres que absolutamente todos recibirán una casa. Ese es un problema que a ti no te toca y cuya solución no puedes supervisar, ni garantizar ni conducir.  Conviene, pues, al menos en eso pegar un frenazo. Y suerte en Mónaco.
Por lo demás, creo más criticables aquellos personeros que manejan su actuación en los espacios institucionales igual que a un auto de alta cilindrada.  ¿Ustedes han visto a Diosdado conducir chola a fondo a la Asamblea Nacional como impulsada por un motor de aspiración turboalimentada?
Si en los circuitos de la F1, los pilotos deben reducir inmediatamente su velocidad cuando se saca la bandera roja, en la AN es todo lo contrario. Cuando  la enseña roja se agita, vemos al piloto del bólido legislativo superar fácilmente los 300 Km/h en el manejo del orden del día. ¡Qué velocidad para arrollar, maestro!
En estos días, por ejemplo, la bancada oficialista negó un acuerdo presentado por la oposición para rechazar la estampida que  el gobierno quiere dar en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Eso es como estrellarse contra las barreras y dejar escandalosamente el cigüeñal y un reguero de tuercas sobre el asfalto. Y aunque la escudería de Diosdado no presentó ese día ningún acuerdo, uno fantasmal, como sacado de la guantera, apareció publicado a los días en la Gaceta Oficial. No sería un pase muy limpio, pero ¡qué tremendo adelantamiento en la curva!
También merecía le sacaran Bandera Dividida, la que advierte al piloto que ha realizado una maniobra peligrosa y antideportiva, cuando transformó la votación sobre el citado acuerdo de la oposición en escoger “por la patria” o “contra la patria”. ¡Qué Alonso ni qué Raikkonen! ¡Eso se llama velocidad pura!  A su lado, el MP4-23 de Hamilton luciría tan lento como una pereza con padecimientos artríticos.
Así se compite divinamente, cuando uno se cree dueño del circuito, el combustible, los neumáticos, las banderas, los pits, la champaña y maneja a conveniencia el monoculito de la ANTV y el reglamento.
Ahora bombardean a cada instante que el triunfo de Maldonado es todito-todito de la revolución. No puede ser de otra forma: fundidos los cinco motores del Socialismo del Siglo XXI, la suerte de la “revolución bonita”, que pasa aceite a torrentes, se juega ahora sobre las cuatro llantas de la endógena Williams.
Mientras en efusión nacionalista nos envolvemos en el tricolor patrio, nos bañamos con cocuy de Pecaya y cantamos las gloriosas notas del himno del PSUV, ustedes, compatriotas-jefes, tengan mucha precaución, no vaya a ser que los atropelle un carrito de helados.

(Publicado en el diario Tal Cual el sábado 19 de mayo de 2012)

Este no es el título


Usted que imperiosamente busca escapar de la vorágine política, que busca un respiro en esta neurosis que irá in crescendo durante los cinco meses que nos separan de las presidenciales. A usted, acosad@ por una jauría de medios y propagandistas, que le hacen sentir hackeada para siempre su tranquilidad, va esta historia que por unos minutos lo alejará de tanta diatriba y agotadora polarización.

A comienzos de los 60 el hipismo era un furor en Venezuela. La inauguración en el 59 del hermosísimo Hipódromo La Rinconada, la importación de caballadas sureñas, la  Triple Corona ganada por el fenomenal criollo Gradisco y las carreras televisadas fueron determinantes en esa fiebre. Cada fin de semana, el “5 y 6” desataba en la mente de los venezolanos sueños de las mil y una noches.

Maracaibo tenía el hipódromo de La Limpia y lo demás eran carreras sabaneras. Surgió entonces en Paraguaná, más exactamente en Punto Fijo, el deseo de dueños de hatos y comerciantes de tener un hipódromo. No como el de La Rinconada, ¡por Dios!, pero sí un óvalo para competir con sus caballitos en aquel poblado, flanqueado por dos grandes refinerías, pero sin mayores entretenimientos. El terreno elegido fue uno del cual habían desalojado a la Mene Grande Oil Company, después que un rayo cayó sobre un tanque de petróleo, lo incendió y la gente huyó despavorida temiendo una explosión. 
Yo vivía tan cerca que el gran fogaje descascaró la pintura de mi casa, pero no sufrimos las horas de terror de nuestros vecinos por andar de vacaciones. Maravillado presencié el surgimiento de la nueva instalación hípica, cuyo óvalo se cavó con una pasada de Caterpillar y se rellenó con arena de playa El Pico. Listo el provinciano coso, los domingos fueron emoción y jolgorio.
En las primeras carreras los propios hacendados montaron sus caballos con sillas de faena, ensombrerados, con chaparros y estribos que casi rozaban la pista. Pero al poco tiempo llegaron de occidente jockeys de botas, fustas, cascos y sillines profesionales, y los caballitos criollos fueron sustituidos por purasangres reciclados de La Limpia, antes reciclados de La Rinconada, que a su vez había tomado competidores del viejo hipódromo de El Paraíso.
Al venir cada carrera, los muchachos nos ubicábamos en medio del óvalo, que no tenía jardinerías sino chapopotes de petróleo dejados por la trasnacional imperialista. Vi cambiar zapatos Lucas empegostados de crudo por alpargatas de medio uso. En el improvisado óvalo, a la orilla de la pista esperábamos la largada, seguíamos con la vista los corceles hasta la primera curva y arrancábamos a correr hacia la recta de enfrente para esperar la pasada del pelotón, y ya cuando entraban a la  última curva corríamos hacia la meta para ver la llegada. ¿Me creerán que los caballos terminaban menos cansados que nosotros?
De esos tiempos, que adoro, hubo una carrera inolvidable. Cinco ejemplares serían de la partida. “Numeral”, anciano y descomunal alazán tenido por el de mayor alzada que había corrido en Venezuela. El zaino “Pachi Gorriti”, nombre que gracias a Google descubrí mucho después era el de un coronel argentino de la independencia, velocísimo en los traqueos pero no partía en competencia. “Embromado”,  bautizado así por su dueño Juan de Dios Lugo, debido a que por una lesión tenía en su remo anterior izquierdo una redondez del tamaño, sin exagerar, de una bola de bowling. “Despreciado”, de Chucho Pelayo, quien lo adquirió cuando nadie lo quiso. Y la yegüita “Admiración”, que había pasado por varios dueños sin haber retornado la inversión.
¡Partida...! Y allá sale “Embromado” a tomar la punta, seguido muy de cerca por “Numeral”, tercero “Despreciado”, a dos cuerpos “Admiración” y, como siempre, no partió “Pachi Gorriti”… Lo foeteaban por la derecha y el empinado trasero del jinete quedaba apuntando el Cabo San Román. Si lo foeteaban por la izquierda, anca y culo quedaban proyectados hacia el cerro Santa Ana. Entran en la recta de enfrente, con “Embromado” siempre adelante cuando ¡al coño! su pata lesionada lo hace caer despatillado en medio de la pista y con éste tropezó “Numeral”. Marcial Arámbulo, con su chaquetilla de franjas verticales blancas y sepia, surcó el cielo paraguanero convertido en el primer “hombre bala” visto en la región. Con los dos anteriores tropieza y rueda también “Despreciado”, lo que dejó a “Admiración” dueña solitaria de la carrera. Mientras los caballos se levantaban y arrancaban hacia predios playeros,  pasó lo inesperado: “¡Señores, partió Pachi Gorriti!”, se oyó por el altavoz. Al galope tendido se devoraba la pista. Una exhalación. Una tromba…

Casi la alcanza el de nombre militar, pero ganó “Admiración”. Jadeaba recostado del botalón que hacía de meta, cuando vi un bululú en medio de la pista. Me acerco. Sobre la arena yacía colapsada la pobre “Admiración”. Se dijo que le habían metido una “bomba”, un doping, que no resistió. En síntesis, no creo que el mundo del turf se haya visto jamás tamaño despelote.

Creía cumplido el serio compromiso de distraerlo de la política con esta remembranza, cuando me tocó titular. Escogí, seguramente víctima del inconsciente: “La revolución va al hipódromo”. No servía, era negar de entrada lo que nos propusimos, lo que le ofrecí. Le di y le di, pero no salió otro. Imposible. Me perdona: para no fallarle del todo, puse lo que está arriba y dejé esa vaina así.

(Publicado en el diario Tal Cual el sábado 12 de mayo de 2012)

lunes, 28 de mayo de 2012

Crispación Cero

Considere usted la siguiente retahíla: la opinión pública no había terminado de asimilar las declaraciones del ex presidente de la Sala de Casación Penal sobre el alegre tráfico de la droga y la justicia cuando enseguida llovieron sobre ellas las de la señora Fiscal General que por lo general no son ni asimilables ni digeribles sin olvidar que ya venía abierta una larga expectativa sobre la ignota Ley Orgánica del Trabajo pero el mismo día que le estamparon la firma nos anunciaron un nuevo Consejo de Estado y cuando todavía nos tambaleábamos por ese gancho de derecha nos cruzaron con la izquierda anunciándonos que el neonato organismo tenía que abocarse enseguida a estudiar el retiro de Venezuela de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y todo eso sin dejarnos pausa chamos ni para una coma.

Para capear semejante temporal informativo algunos no encontraron mejor refugio que distraerse siguiendo los acontecimientos de los recintos carcelarios donde días antes se había descubierto que la planta insolente de los reclusos de La Planta habían hollado el sagrado suelo y sobre todo el subsuelo de la patria a la que le abrieron un hoyo como de dos cuadras de largo y para no ser menos sus homólogos de la cárcel de Uribana ya han abierto cuatro y se supone que hay otros en ejecución pues con esa extraordinaria habilidad que tiene la revolución para sacarle dividendos políticos a los percances  no nos debe sorprender el pronto lanzamiento de la Gran Misión Hoyos de la Patria con la promesa de que todos a su tiempo y poniendo como ejemplo al ex magistrado Aponte podrán huir huyendo…
Ya, ya… calma, tranquilícese, tome aire,  respire hondo y no se aparte que en las líneas sucesivas prometemos ser más considerados con su capacidad respiratoria y hemodinámica que los estremecimientos que le ocasiona la revolución… 
Habíamos quedado en el caos carcelario, que arrastra un lamentable saldo en todos los órdenes y que de vez en cuando es atizado por las declaraciones de  la señora Ministra, quien siempre aparece echando chispas. Entre sus propios compañeros de gabinete algunos acusan que tiene un discurso incendiario. Ya el jefe los ha tranquilizado diciéndoles que nada más normal que esa cualidad en quien desde hace años él mismo bautizó con el simpático mote de “Fosforito”. En esa área no se ha arreglado nada y ello es comprensible porque el problema se fue de las manos hace ratísimo. Lo que no es ni comprensible ni aceptable es que la Ministra opte por culpar a los medios de lo que pasa allá adentro. “Yo siempre andaba peinadita, hasta que llegó ese bendito canal”, nos va a decir muy sí señora en cualquier momento.
Sobre todo este caldo de zozobra e intranquilidad en la que somos sumergidos hasta la sofocación gravita una incertidumbre mayor que son los inconvenientes de salud del primer magistrado nacional. Si va hacia La Habana, los rumores vienen. Si viene de la Habana, los rumores van. Pero no sólo en ese campo, pues parece que el asunto es mantenernos en vilo, en estado de crispación perpetua o acezando como un galgo. 
La fábrica de rumores propaga de todo y para todos. Los nuevos giran en torno a las primeras decisiones del Consejo de Estado. ¿Con qué nos vendrán a torturar ahora?, nos preguntamos quienes estamos a su merced. 
Pero optimismo. Se puede estar preparado para nuevas e ingratas sorpresas, cuyos efectos podremos atenuar con una terapia apropiada. En materia de las próximas decisiones del novísimo Consejo de Estado hay que tomar previsiones.  Para que se vayan entrenando, aquí les dejamos algunos modelos de rumores que de concretarse en la realidad, ya usted los tendrá domesticados:
  • ·        Se prohibirá tomar café negro por las mañanas y la violación de esta norma se sancionará con el pago de quince unidades tributarias, incluso si se mantuviera el desabastecimiento de leche.
  • ·        El Miss Venezuela quedará suspendido indefinidamente mientras el Consejo de Estado reformula sus normas. Osmel tendrá un rol participativo y protagónico, pero sin derecho a voz ni voto. La respectiva participación le llegará por Gaceta Oficial.
  • ·        Diputado Serra presidirá la Academia Venezolana de la Lengua y en el primer acto soberano la separará de la Real Española.
  • ·        En la región llanera, quienes aparezcan en la Lista Tascón o en la Maisanta no podrán mascar chimó. Quienes aparezcan en las dos podrán mascarlo, pero no escupirlo.
  • ·        Quedará terminantemente prohibido tuitear durante la transmisión de Quien Quiere Ser Millonario. Antes y después también.
  • ·  Se exigirá licencia de cuarta para conducir carritos de helados, cotufas, perrocalientes o cepillao.
  • ·        Próximas Leyes del Ejecutivo vendrán por Facebook, los decretos por Twitter y el uso de las llamadas telefónicas a la tele quedará limitado exclusivamente para los insultos a Henrique Capriles.
Recomendamos la lectura diaria y pausada de cada uno de estos eventuales anuncios poniendo en práctica el Pranayama, que son las técnicas de respiración del Kundalini Yoga.  Verá que en un mes le saldrán callos en el raquis y en todos los haces nerviosos que atraviesan el Foramen Magnun.  Mucha suerte y no hay de qué. 
(Publicado en Tal Cual el sábado 5 de mayo de 2012)

El Dedo Pelúo

Llevamos tanto tiempo oyendo hablar de la tristemente célebre “mano pelúa”, de sus tropelías y desafueros, de sus torceduras de la razón y el buen juicio, pero nunca hemos tenido la oportunidad de observarla frente a frente, de explorar, digamos su forma física, la presencia carnal de tamaña bicha.
Es tan familiar la presencia de la “mano pelúa”, últimamente se ha enraizado tanto en el quehacer nacional que ya extraña que en este desparrame de organismos burocráticos a la fecha no se haya creado el Ministerio del Poder Popular de la Mano Pelúa. El problema es que esto acabaría con una de las principales condiciones de la siniestra, que es su anonimato. Aunque si las cosas siguieran así probablemente nadie expresaría malestar o sorpresa por que el señor ministro del MINPOPOMAPE acudiera a su despacho encapuchado. Encontrarle la vuelta a todo es también una cosa muy nuestra.
No creo que amerite extenderse en explicar porqué no es lo mismo decir pelúa que peluda, visto que gente muy faculta ya lo ha hecho con lujo de detalles. Opino que la “d” suaviza tanto el término que lo humaniza. Peluda es, por ejemplo, la mano de Sukuri, nuestra canina y ladillosísima mascota. Pelúa es la pata de esa tarántula que apenas descubrimos en un rincón de la casa le caemos, enloquecidos, a escobazos y mentadas de madre.
Claro, los venezolanos hemos visto cantidad de “manos pelúas”, pero son las salidas del lápiz insigne del Maestro Zapata. Son esas extremidades de dedos nudosos y retorcidos, o groseramente regordetas, pero siempre provistas de filosas y largas uñas y sembradas de apéndices pilosos, a veces salvajemente abundantes, como corresponde a alguien cuyos actos delatan torvo, montaraz, primitivo.
Zapata, que todo lo ve, ha ocupado sus viñetas con la representación de esas aborrecibles extremidades cuando el país resiente que algo que ha debía ocurrir con la mínima corrección y justicia fue trastocado, desviado, manipulado o envilecido con alevosía y ventaja, que la nocturnidad no es tan necesaria para este personaje, de quien el mismo Hombre Lobo se avergonzaría de tener algún parecido aunque fuera solamente en las manos.
Las manos pelúas, lastimosamente, han acompañado al pueblo venezolano desde tiempos inmemoriales. Por fortuna, a veces pareciera que las caricaturas de Zapata, y no sólo las dedicadas a las manos pelúas, también.  Es cuando nos asalta la certeza de que Zapata, que todo lo oye,  nunca va a dejar de acompañar a los venezolanos, a su memoria y a su conciencia. Sobre todo a quienes no se las llevan con las manos pelúas en cualquier época y cualquier lugar. Hay demasiada vox pópuli recogida y perpetuada en sus mágicos trazos.
En fin, mano pelúa es pelúa hasta el momento en que se sabe a quien pertenece. Bajo esa premisa, la mano pelúa por excelencia fue aquella que una noche apuñaleó el pecho de Juancho Gómez, en una alcoba del mismísimo palacio de Miraflores. Pelúa fue y pelúa se quedó.
Pero a lo que voy es a que en estos días, por fin, los venezolanos hemos podido conocer al menos uno de los cinco apéndices de la eficientísima mano pelúa del siglo XXI. ¿Un dedito? No, un dedo gordo con rostro de abultados cachetes, tan sudorosos que todavía mucha gente cree que lo entrevistaban en un sauna. Pero en verdad debe haber sido un sudor frío,  pues estaba dejando de ser uno de los dedos de la mano poderosa que mueve los hilos de la justicia venezolana, para convertirse en el dedo hablador, dedo índice que tanto facilita la labor de la policía.
Y desde la tele nos contó este dedo gordo cómo se inventaron testigos, como se liberaron culpables, cómo se engavetaron expedientes, cómo se la aplicó a unos y se la desaplicó a otros. La típica labor de la mano pelúa cuya impronta son los estropicios. Por supuesto, ningún dedo se mueve solo. Necesita tendones, nervios, vasos capilares que lo alimenten. Los tendones y nervios principales de este dedo pelúo fueron, a confesión, los hilos telefónicos desde donde bajaron las órdenes del gran cerebro pelúo en que se ha convertido el aparato del poder entre nosotros.
No conocemos los rostros de los otros dedos de la mano pelúa que mece la cuna. Tampoco hay que hacer un esfuerzo sobrehumano para imaginárselos. Lo importante es saber y decidir qué hacer con la mano completa porque si de algo estamos seguros, hoy más que nunca, es que esto no va a ser para siempre, menos cuando viene subiendo, palmo a palmo,  un clamor y hay millones repitiendo: ¡Abajo la mano pelúa!
(N del R. Antes de que a alguien se le ocurra preguntarnos, nos adelantamos a decirles que sí hay cosas pelúas que son buenas y hasta sabrosas. Vaya a la arepera de la esquina y pida “una pelúa”. Le darán una de queso amarillo con carne mechada. Ummm… ¡para chuparse los dedos!)

(Publicado en Tal Cual el sábado 28 de abril de 2012)

miércoles, 23 de mayo de 2012

Mi reino por un elefante


No se necesita una investigación muy exhaustiva sobre el uso de las redes sociales para saber que tuitero venezolano que se respete dedica cada fin de semana no menos de 8 a 10  horas a estar pegado de esa pantallita luminosa, de apenas 3,5 X 5 centímetros, a través de la cual se puede averiguar casi todo cuanto ocurre en el universo y el vecindario.

Pero el sábado 14 de abril se trataba de un día especial para fisgonear en la red, sobraban atractivos para ello. En mi caso particular me dispuse a seguir la cuenta @TitanicRealTimes en la que tuits imaginarios posteados a nombre de la tripulación y pasajeros del malogrado buque hacían un recuento milimétrico del desastre ocurrido el 14 y 15 de abril de 1912.

Un segundo atractivo, además de un nuevo viaje presidencial y un ex magistrado  debutando en el bel canto,  era el desarrollo de la Cumbre de las Américas, cuyo resultado era tan previsible como el naufragio virtual y centenario y, en efecto, terminó chocando con sus respectivos escollos en medio del mar, Cuba y Las Malvinas, aunque valga decir que al menos las pérdidas no fueron totales.

LLevaba rato pegado del smartphone, embelesado con la sucesión de mensajes, cuando me dio por pensar que informativamente el Twitter funciona un tanto como aquella aleación mimética o de metal líquido del cual estaba hecho el prototito T-1000 de Terminator II. Recuerden la escena cuando el robot malo es bañado con nitrógeno, se congela y se va fragmentando hasta volverse añicos. Después, bajo calor, comenzaron a aparecer la peloticas como de azogue que se van juntando, llega a una, llega otra y otra y otra ñinguita, y así apareció el dedo gordo del pie, los jarretes, las canillas, la cintura, el robot entero y de nuevo se arma la sampablera. 

Así es el Twitter. La cosa comienza por un rumor, un datito, una ñinguita de información, otra y otra y al cabo de media hora tiene usted armado un torrente de azogue y un zafarrancho con gente halándose por las greñas digitales porque en el TW, como todo en la vida, nunca hay unanimidad.

Ese sábado apareció una migajita de esa clase azogue, un tuit dando cuenta que el rey Juan Carlos de Borbón había sido operado de una fractura después de un evento con elefantes en Bostsuana, que como usted perfectamente sabe queda en el sur del Africa. De primera mano, imaginamos que un tuit así en España no causaría extrañeza. Allá cabe figurarse al monarca en la cercanía de un elefante, que es el símbolo por excelencia del conservacionismo, porque desde 1968 el monarca preside honorariamente Adena, la filial española de World Wildlife Fund (Fundación para la Conservación de la Vida Silvestre).

Aquí en Venezuela, donde el rey por razones harto conocidas tiene numerosos fans,  la bandada de trinadores comenzó sus especulaciones. “Debe ser que lo arrolló un paquidermo”, tuitéo uno. “Qué terrible, seguró se cayó del lomo del animal”, especuló otra. “Pobre rey, a esa edad embestido por esa bestia”. Pero las alarmas se encendieron cuando alguien retuiteó a un medio hispano: “Escándalo: el rey Juan Carlos se fractura la cadera en una cacería de elefantes”. Aún así, hubo quien le dio el beneficio de la duda: “Es que una lucha cuerpo a cuerpo con esos animales es muy desigual”.

La tormenta se descerrajó cuando un gorjeador bajó de la web de la empresa Rann Safaris, organizadora de la jornada de caza real, y colgó la foto del presidente honorario de Adena, con una escopeta terciada en el pecho y teniendo como fondo la mole desgonzada y con los ojos en blanco de un trompudo ejemplar.
Y así como pasa con el Terminator de aleación mimética, fue apareciendo, tuit a tuit, el dedo gordo, el jarrete, la canilla hasta mostrarse la pata entera de Don Juan Carlos metida hasta la cadera y ésta, además, con fractura múltiple. Ni qué decir cuando se supo que la lesión no ocurrió en un intrépido lance selvático, sino cuando bajaba de madrugada las escaleras de su bongalow para ir a la necesaria, como decían antes.

A nadie que vaya contra las leyes de la cordura puede irle bien. España enfrentando la mamá de todas las crisis, la corona en la picota por corrupción y desavenencias familiares y el rey disparando su escopeta con su amiga la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, cuando se suponía que debía estar, al menos, pendiente de la Cumbre de la Américas, cuyos tema caen dentro de su responsabilidad constitucional. Otros estuvieron dispuestos a cambiar su reino por un caballo, Don Juan Carlos ha puesto a trastabillar el suyo por un elefante.

Al desfile de abundantísimas críticas muy razonadas y justificadas, yo voy a agregar sólo dos preguntas: ¿Qué hace un caballero de 74 años, en vez de estar en su casa jugando scrable con sus nietos, cazando elefantes, una vaina para la que ni siquiera hay que agarrar puntería? Cazar elefantes debe ser lo más parecido a batear con una puerta. Otra: estando las monarquías y los elefantes en vías de extinción, ¿una cacería como esa no es una competencia desleal? 

Y ya que toqué el tópico beisbolero, ¿viste, Ozzie?: a quien le toca la política la puso inmensa por irse a la jungla tras un elefante. Y tú, que trabajas en la mayor jungla anticastrista del planeta, te ponchaste haciendo swing por un dinosauro. Son de esas cosas que, ya nos había anticipado el señor Quijano, veríamos.

(Publicado en el diario Tal Cual el sábado 7 de abril de 2012)